¿En qué teoría se basa la terapia cognitivo conductual? CATCC_Desesperanza

La terapia cognitivo conductual se basa en la teoría cognitiva de las emociones. Según este modelo, la forma en que evaluamos lo que nos sucede determina nuestras emociones. Por ejemplo, en una primera visita con un psicólogo cognitivo conductual uno podría pensar: “¡Vaya!, esto suena exactamente como lo que me pasa a mi” y sentirse esperanzado sobre cómo va a funcionar el tratamiento. Por el contrario, otra persona podría pensar: “¡Vaya!, esto suena demasiado superficial, no creo que me vaya a funcionar”, y sentirse desesperanzado sobre cómo va a funcionar el tratamiento. Es decir, no es la situación la que determina cómo se siente cada persona, sino lo que cada uno piensa sobre ella.

Desafortunadamente, cuando uno experimenta emociones negativas, éstas suelen teñir la manera en que uno piensa en las cosas que le suceden y, por tanto, esta visión suele ser imprecisa y sesgada en la dirección de agravar las emociones negativas o de producir emociones negativas nuevas. La terapia cognitivo conductual ayuda a las personas a identificar estos pensamientos negativos, a evaluar en qué medida son precisos y a modificarlos mediante experiencias correctivas. Cuando las personas observan una y otra vez que la realidad corrige sus interpretaciones y anticipaciones negativas aprenden a pensar de una manera más objetiva y se sienten mejor.

Otros tipos de terapia cognitivo conductual como, por ejemplo, la activación conductual, se basan en la observación de que la modificación de nuestros comportamientos puede ejercer un poderoso efecto positivo en nuestras emociones. El objetivo fundamental de todas estas técnicas, que se basan en las leyes del aprendizaje, es la movilización de la persona a fin de incrementar la disponibilidad de experiencias gratificantes y reducir el número de experiencias aversivas. Por lo tanto, una parte fundamental de este tipo de tratamiento es la identificación del significado funcional de los comportamientos y la modificación de las conductas de evitación y huida.

CATCC_Rigurosidad

Antes de ser aceptado científicamente y utilizado en la práctica clínica diaria, cada modelo cognitivo-conductual para cada trastorno mental o problema de salud es sometido a diferentes controles:

a) El modelo debe ser clínicamente relevante, es decir, debe ser capaz de dirigir las estrategias que utilizará el terapeuta. Además, estas estrategias deben ser evaluadas en ensayos clínicos controlados.

b) El paciente debe ser capaz de comprender e identificarse con una versión personalizada del modelo. Esta personalización debe facilitar el proceso de identificación con el modelo y el compromiso con el tratamiento. Además, el modelo debe proporcionar explicaciones alternativas que permitan el diseño de experimentos conductuales a fin de comprobar cuál es la explicación más plausible de las experiencias del paciente o qué comportamientos le resultan más adaptativos.

c) Debe diferenciar de manera precisa entre procesos y resultados. Aunque la terapia cognitivo-conductual ha tendido a centrarse en los resultados, actualmente aborda cada vez en mayor medida los procesos cognitivos (como las preocupaciones recurrentes) y las creencias sobre estos procesos (como la motivación para mantener las preocupaciones).

Tanto la formulación del caso como su tratamiento se basan en una característica fundamental de la terapia cognitivo-conductual, el empirismo colaborativo. El empirismo colaborativo se define como la combinación de las visiones del terapeuta y el paciente que cristalizan en una comprensión común del trastorno que explica el desarrollo y la persistencia del problema, que es aceptable y útil para el paciente, y que justifica las intervenciones terapéuticas seleccionadas.

Por lo tanto, el modus operandi de la terapia cognitivo-conductual es más activo y dinámico que rígidamente predefinido ya que evalúa constantemente si la modificación de los factores de mantenimiento identificados en la formulación del caso se acompaña de la reducción de los síntomas. Es decir, el terapeuta y el paciente definen hipótesis, diseñan pruebas de realidad para verificarlas o refutarlas y las adaptan sobre la base del resultado obtenido con las intervenciones terapéuticas. Por tanto, la formulación del caso guía y a la vez es corregida por los resultados reales de las observaciones activas, la experimentación y los cambios obtenidos.

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